El ángel del
tiempo fornicaba con su tatarabuela
para
disolverse formando una paradoja
sin querer
moldeó un bucle eterno
pues
ignoraba que ahí nacía la esencia de las dimensiones.
¿A dónde
vamos los muertos?
gritaba una
flor entre las mazmorras
que sucumbió
ante la seductora muerte
una de
tantas, se expandía al infinito mi mente
las
cultivaba yo, desde que aún no nacía
entre ríos
de electrones bebí la suave ambrosía.
Dijo el
mentor, revelen algo que sea medible
nació entre
la nada algo que se llamó materia,
entre
caballos de luces perplejos se anonadaban
por la hazaña
lograda en el experimento de la conciencia,
si el pensar
es sólo la orilla de ese cuerpo que escupe humo
se abre una
puerta que me saca del mundo.
Ya mejor voy
a guardar silencio
permitiré un
momento más crecer a mis alas
dentro de poco
tomaré vuelo
pues pronto
seré yo aquel ángel que mencionaba.