Me gustaría
que alguien curara a mi tercer ojo
pues es el
único que percibe la realidad sin sostén
que bebe el
vino de la esencia que fermentó del placer
Mientras
cabalga hasta la tundra entre los duendes de miel,
cómo percibe
las sensaciones que sólo guarda para sí
me
estremecería saber cómo poderlas traducir
pues mis
palabras son sólo escalones
intentando
llegar a un etéreo cenit.
Mi tercer
ojo venda con mantos desde los luceros del fin
aullando
desde los fondos de mi espíritu pasa a través de mí,
lucrando con
nuestras mentes
burlando
cruelmente ante la materia
mi ojo
disuelve las cosas que van
por fuera de
mi cabeza.
El tercer
ojo ríe y el tercer ojo llora
como un bebé
hace pucheros y se queja
cuando se lesiona,
se vuelve
piedra cuando no se valora,
el ojo que mira
en la dimensión de la idea
tejiendo la
seda que cubre los pensamientos
que viajan
de forma discreta en el tiempo
sutílmente devoran
lento el universo.
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