Ángeles de
la vergüenza, amarran entre ligeros deseos
los terrenos
más vulgares de la misericordia,
seduciendo con
sus sombras ocultas entre húmedos callejones,
nublan la
delicadeza del canto de las orugas
convirtiéndolo
en un triste llanto moribundo.
Grietas palpitantes,
que muestran y ocultan los verdaderos rostros de las ninfas,
juegan y
cantan con inocencia y discreta picardía,
los lagos de
néctar se entibian hacia el ocaso mientras
entre los
cerezos brota un aroma suave de pasión y rebeldía.
Entes
lúgubres de auras brillantes,
conducen lentamente a su laberinto
donde la
victoria siempre fermenta en la derrota,
donde convierten
la corona en una oxidada guillotina.
Ángeles sin
escrúpulos, que roban despacio la ilusión del deseo,
succionan frenéticamente
hasta reducir a simples exuvias
con palabras
que nunca han sido dichas,
con labios
que nunca han estado ahí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario