la obscenidad de la cotidianidad

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¿Sabes vivir? o sólo existes..

jueves, 3 de abril de 2014

La Máquina de odio



Es curioso cómo puede llegar un momento en la vida en la que nuestros actos del pasado pueden volverse borrosos, como pensar que era alguien más quien estaba llevándolos a cabo, y nosotros fuéramos simples espectadores, ese desconocimiento de nosotros mismos, como un periodo de letargo  que desconocemos en dónde comienza o en dónde termina.
Estoy a sólo cuatro días de una cita muy importante, tendré un baile con una mujer muy importante, además de bella, donde usaré mis mejores galas y muchas personas irán a verme,  aunque estoy algo nervioso, debo reconocerlo, pero creo que será algo que les dará mucho gusto poder presenciar. Les contaré un poco sobre mi vida, y cómo logré llegar hasta donde estoy hoy, para que nos familiaricemos más y al mismo tiempo pueda despejar un poco mi cabeza, a veces uno puede asfixiarse con sus propios pensamientos, y se necesita liberar algo de presión.   

Bien, recuerdo que cuando era niño los perros me asustaban, era un pavor inmovilizante el que yo experimentaba cada vez que me topaba con uno de frente, el hecho de saber que un animal pudiera comportarse de manera agresiva o incluso atacar ante una simple orden me aterraba, es decir, sin una causa, o un objetivo, simplemente por el hecho de hacer cumplir una indicación imperativa, igual que una máquina a la que se le presiona un botón o se tira una palanca, antes de eso creía que los seres vivos éramos muy diferentes a ellas. Claro que no fue hasta tiempo después que comprendí que no cualquier perro obedecía esos instintos sanguinarios, sino sólo cierto tipo que antes tuvo que ser educado, entrenado o incluso sometido (según la palabra que a uno le guste más) a tales respuestas, convertir en un instinto un simple acto de obediencia.  Aunque no era lo único que me asustaba, ahora que lo pienso creo que fui un niño muy asustadizo, pues también temía  a las personas, al hecho de que pudieran comportarse de determinada manera sin saber exactamente por qué, como si alguna voz en su interior les diera el mensaje, pero siempre se los diera incompleto. Yo siempre o al menos eso creí, actuar en base a lo que quería hacer, poco les importaba a mis padres, pues estaban bastante ocupados en cosas más importantes, “la escuela se encarga de educarte”, decían, y pagaban el colegio más costoso que podían pagar para asegurarse de ello, un colegio religioso, donde prácticamente estaba la mitad del día, una educación realmente conservadora y llena de valores a medio entender, eso entre un millón de formas de irte al infierno y otro millón para discriminar a las personas. Siempre tuve problemas de conducta, y varias veces me llevaron con el psicólogo de la escuela, pues decían que mi comportamiento estaba muy por fuera del promedio de estudiantes, cosa que no me permitía tener amigos, además muchos me molestaban, me decían “cerdo” por el canal que tenía entre mi labio y mi nariz, algo de nacimiento, que a ellos les parecía  la apariencia de los curiosos animales de granja, pero que nunca quise que me arreglaran por mi fobia a los instrumentos quirúrgicos y el desinterés de mis padres en arreglarlo cuando era bebé. Y el psicólogo, nunca le importó una mierda su trabajo, se plantaba ahí nada más con su estúpido teléfono  mientras me pedía que dibujara diversas cosas, y una vez que terminaba me decía que los iba a analizar y que podía volver a mis clases, cosa que no era más que una pérfida mentira, pues cada vez que me enviaban a verlo por diversos motivos, me ponía a realizar los mismos genéricos procedimientos una y otra vez,  obviamente nunca se vieron los avances que deseaban, decía la decrépita y rancia directora constantemente, además de que a pesar de mi devoción por la lectura, tampoco fui nunca de buenas notas, a mis padres no les importaba demasiado pues nunca asistieron a los citatorios del colegio, ya que el trabajo era demasiado absorbente. Cuando llegaba a casa, siempre estaba casi vacía, pues la mujer del aseo se encerraba en alguna habitación con alguno de sus novios, y mis padres llegaban a altas horas de la noche, así que tenía la casa para mí solo, no me gustaba ver la televisión, nunca lo hizo, aunque a veces veía las noticias, y siempre era lo mismo, conflictos por este o aquel lado, muertes, guerras, por dinero, por petróleo, por territorio, poder, religiones, creo que el motivo era lo de menos, y mientras veía todas esas muestras de involución mental, me preguntaba: ¿ellos creerán al menos en sus causas? O simplemente obedecen a algo más grande. A veces pensaba que las personas podían ser como aquellos perros a los que tanto temía, y cualquier otra cosa podía ser la orden que ordena la violencia.                                
Algo que me gustaba era salir al jardín a buscar animales entre las rocas, tenía curiosidad de ver si también aquellos pequeños seres podían someterse a tales tratamientos de sometimiento de voluntad, lo  intentaba tomando una aguja de coser, la cual le ponía cerca de los ojos al pequeño animal, luego picándolo un poco  para ver si lograba hacer que asociara a la aguja con el dolor, el animal se movía bruscamente, a veces intentaba morderme o picarme, o simplemente intentaba huir. Lo intenté decenas de veces, hasta que uno a uno iban muriendo por las incesantes estocadas, nunca logré ninguna mejoría en mi experimento, así que decidí olvidar el asunto, supuse que sólo algunos se les da la sumisión.


Oh amigos, no saben cómo me he estado despejando muy bien con esto, me siento más tranquilo, faltan sólo tres días para mi evento pero aún no me relajo como lo deseo así que continuaré contando:                                             
 En fin, pasé años posteriores de mi niñez sin pena ni gloria, y una vez llegada la adolescencia, empecé a invitar chicas a salir. Debo reconocerlo, nunca fui popular entre las mujeres, casi siempre era rechazado, pues mi rostro así como mi cuerpo nunca fue lo que la sociedad o el mundo de los medios consideraba atractivo, algunas aceptaban sólo porque sabían que mi familia tenía algo de dinero, y eso quedaba muy claro al condicionarme que para salir conmigo debía llegar en alguno de los autos de mi padre, y asistir a algún lugar que ellas decidieran previamente. Poco me importaba, pues su compañía me llenaba de un sentimiento que me gustaba, algo poco familiar, pero que se sentía bien, así que íbamos a varios sitios, desde un restaurante costoso, hasta alguna plaza del centro de la ciudad que era lo más común, donde le compraba algún bolso o algo que con sus cautivadoras palabras me pidieran. Siempre hablaban de lo atractivos que eran los hombres que salían en los anuncios, y lo hermosas y esbeltas que eran las mujeres, en más de una ocasión tuve que esperarlas a fuera de los baños mientras se provocaban vómito, pues la comida a la que las llevaba era cara y deliciosa, pero inmediatamente después de salir los mismos anuncios les caían como peso muerto sobre sus hombros, y las llenaba de culpa. Nunca fui asqueroso así que no le tomaba demasiada importancia, también recuerdo que a algunas les gustaba hablar de lo que querían estudiar en la universidad, pues fantaseaban para ganar mucho dinero y poder comprar todas las cosas que resplandecían en los anuncios, y que parecían tan maravillosas, recuerdo a una que no dejaba de hablar sobre cómo volverse como mis padres, para poder darse ese tipo de lujos de los que yo aparentemente gozaba,  aunque nunca hablé demasiado de eso, pues nunca puse especial atención al trabajo de mis padres, sólo sabía que vestían formal y que tenían contacto con muchas personas, además de que siempre hablaban de sus jefes a los mismos que odiaban pero que invitaban constantemente a  comer, siempre pensé que era necesario hacer todo eso para poder sustentar los pequeños lujos que teníamos, como un círculo vicioso, como un hombre engrane, pensé.   Y siempre que ella o alguien más me preguntaba lo que quería hacer yo, le decía que yo quería ser psicólogo o psiquiatra, pues me llamaba la atención entender la mente de las personas.       

Fueron buenos tiempos de alguna manera, pues aunque ninguna de ellas quiso ser mi novia, sabía que podía salir con cualquiera de ellas, sólo debía esperar a que tuvieran alguna pelea con sus novios, y entonces ellas me llamaban. Aunque fue muy frustrante no poder intimar con ninguna o si quiera darle un beso, pues parecía que mi labio leporino les daba asco o alguna sensación similar. Varias personas me sugirieron operarme, pero mi fobia a los instrumentos quirúrgicos ni si quiera me dejaba acercarme a un consultorio sin ponerme a sudar de nervios, además nunca me importó el aspecto físico. Continuaron los años de mi adolescencia y continué rodeándome de gente que se acercaba por interés, pero irónicamente me sentía cada vez más y más solo. Un día simplemente dejé de autoengañarme, o más bien, de intentarlo, yo no quería pertenecer a ese sitio de ninguna manera, no quería formar parte de ese espectáculo humano que se montaba día con día,  nada me hacía sentir bien, era como si odiara todo, me sentía ajeno a cualquier cosa que pudiera ser concebida como felicidad, así que me alejé de todos, incluso de mis padres, los cuales me habían regalado un departamento de cumpleaños, así que ya no tenía que estar con ellos. Apenas me mudé al departamento conocí a una chica, bueno, sólo de vista, era delgada, de ojos claros, muy hermosa, trabajaba en una tienda de ropa femenina, yo me levantaba temprano sólo para verla llegar a su trabajo, pues la tienda estaba cruzando la esquina de los departamentos donde yo vivía, y de la misma manera salía a su hora de salida sólo para verla pasar. Estuve repitiendo la misma rutina alrededor de uno o dos meses, ya conocía su horario, su hora de comida, su día de descanso, y algunos hábitos, incluso a veces yo entraba a la tienda a fingir que veía la ropa sólo para verla más de cerca, pero después de hacerlo algunas veces ella comenzó a mirarme de una manera sospechosa, pues había sólo ropa femenina, y nunca compraba nada, pero yo era muy tímido para intentar hacerle plática. Así que un día cansado de actuar como un simple voyeurista me armé de valor y me decidí a acercarme y hablarle mientras iba camino a la tienda,  pero en cuanto me vio acercarme, me dijo que la dejara tranquila, o que iba a ir a la policía. Así que desistí en mi objetivo, sin embargo una semana después vi algo que me hizo convencerme de que debía acércame, era de noche, casi las nueve de la noche, así que ya iba a salir, yo la miraba a través del vidrio sin que se diera cuenta tal como siempre hacia, pero esta vez no había nada de gente ya, ella estaba ocupada viendo otra cosa, el monitor de su laptop, parecía que veía algo interesante porque se estaba tocando, quizás era cibersexo o  veía una película pornográfica, pero se veía realmente excitada aunque intentaba disimularlo moviendo su mano por encima de su vestido , y al igual que ella yo también comencé a excitarme, nunca antes había visto a una mujer masturbándose, y menos a una tan hermosa como aquella, me excité tanto que salía el vapor de mi boca y de mi miembro que tuve que sacar y restregar en el vidrio entre el frío de la noche, pensé que ese sería el momento indicado para armarme de valor e intentar acompañarla en su momento.  Me acerqué a la puerta e inmediatamente me vio, intentó correr a cerrar la puerta pero yo ya estaba entrando, una mueca de terror se le dibujó en el rostro y se convirtió en pavor cuando vio que tenía el pene de fuera, antes de que pudiera hacer algo me lancé sobre ella y comencé a besarla muy fuerte, la abracé y comencé a apretarle las nalgas, la arrinconé contra la pared y sin querer presionamos el botón de las luces, por lo que estas se apagaron, mientras ella luchaba en vano por librarse golpeándome en donde sus delicadas manos podían yo  la besaba y le intentaba quitar el vestido a tirones, entonces ella me mordió tan fuerte que empecé a sentir mi propia sangre escurrir por mi cara, la sensación de dolor me hizo tomar su cabeza y al mismo tiempo que yo tomaba impulso con la mía y la estrellé contra la pared tan duro como pude, lo hice un par de veces para que me dejara de morder, en ese momento comencé a sentir mis manos húmedas, igual que su cabeza, la cual desgraciadamente coincidió con un clavo roto que sobresalía del muro, yo juro que sólo quería dejarla inconsciente, pero  comenzó a sangrar demasiado, y después de un minuto comenzó a convulsionarse y luego dejó de respirar. Yo no sabía qué hacer, pero continuaba muy excitado, así que acabé de desabrocharle el vestido. No creo que necesite entrar en detalle, pero perdí mi castidad con el cadáver de aquella mujer.  Una vez que terminé el acto, la culpa me invadió, además que no aguantaba el dolor de mis labios, pues me colgaba un pedazo de mi labio superior, y continuaba sangrando, me sentía débil, y  ella estaba completamente salpicada de sangre, tanto suya como  mía, inmóvil y sin vida, así que salí de ahí cuidando que nadie viera y fui a cambiarme de ropa al departamento para poder ir con un médico. Después de eso no volví a salir y no hablé con nadie por mucho tiempo.  
Viví entonces casi aislado del mundo, al menos un tiempo,  mis padres tenían una cuenta de ahorro a mi nombre así que de ahí obtenía ingresos para subsistir, yo no hacía nada, corté la luz, para pensar mejor, y dejé que mi mente se abriera hasta reencontrarse.   Fue hasta un par de años después que comencé a encontrarme seguido con alguien afuera de una tienda de historietas, donde yo compraba las mías, un tipo calvo, robusto, que siempre llevaba puesta una camiseta una camiseta blanca con una carita feliz muy peculiar, era un poco mayor que yo, le gustaba la filosofía, y me mostró algunas obras de grandes pensadores que me parecieron muy interesantes,  yo en ese tiempo obviamente ya no estaba estudiando, lo del deseo de estudiar alguna carrera ya se me había pasado, francamente en los años que estuve conociendo ese lado más artificial y superfluo de las personas, no me quedaron deseos de nada, así que me dedicaba a un pasatiempo que tuve de dibujar, vagamente pensaba en crear una historieta, pero nada en específico, a diferencia de cuando era pequeño, parecía que había perdido un poco esa curiosidad que me caracterizaba, ese cuestionamiento constante,  dibujé varias cosas, sin ningún sentido ni significado verdadero,  incluso entre ellos recuerdo un boceto de lo que según yo sería mi primer historieta, me atreví a mostrársela a quien se había vuelto mi único amigo, la cual trataba de cuatro sujetos que se sentían auténticas estrellas de rock, que daban conciertos y se iban de giras con sus chicas o sus gruppies, pero en realidad lo que pasaba era que tenían problemas mentales, alucinaciones colectivas, de esas que provocan una distorsión de la realidad, psicopáticas, y mientras ellos veían a las contentas gruppies a las cuales besaban con pasión, realmente las estaban mordiendo brutalmente hasta arrancarles pedazos del rostro, mientras ellos veían a las chicas excitadas pidiendo más, inmersas en el placer, realmente gritaban por ayuda mientras se desangraban, incluso ni sus viajes de gira eran como ellos los veían, pues las supuestas gruppies eran mujeres a las que secuestraban, sin discriminación de edad, posición social ni económica, desde niñas, hasta mujeres maduras, y efectivamente, cuando en su realidad tenían una escena sexual, sí la estaban teniendo realmente, no sin antes haber propinado una decena de apuñaladas en varias partes del cuerpo e incluso aún después de muertas. Cuando mi calvo amigo acabó de ver mi boceto, con un rostro tranquilo me preguntó si me gustaba la música rock, no, le dije, ya que siempre he considerado que son simples marionetas jugando a que no lo son, pero sus hilos se ocultan tras esas melenas de hipocresía y costosos instrumentos. Él rio un poco, dándome la razón, pero me interrumpió diciendo:  Si esa era su verdad, la de los cuatro dementes, yo creo es válida. Yo esperaba cualquier respuesta menos esa, alguna otra respuesta menos inquietante,  parecía que de alguna bizarra manera, me hubiera leído el subconsciente, y  de alguna manera estaba de acuerdo con él. Seguimos saliendo por un tiempo, y me mostró muchos libros que me gustaron bastante, sobre todo el de un pensador alemán, no recuerdo su nombre en este momento, pero una de sus obras, donde exponía toda su filosofía al desnudo, sin ningún por más mínimo pelo en la lengua, fue ahí donde me encontré una vez más a mí mismo, y donde supe que no estaba aquí para seguir un camino, sino para construir el mío.  


¡Una vez más amigos míos! unas personas vinieron a verme esta tarde, querían entrevistarme, estoy recibiendo más fama de la que esperaba, ayer fue un día ocupado, entre entrevistas, las fotos, y esas cosas se me ha pasado el tiempo, no pude continuar escribiendo y  ya mañana es mi gran reunión con la bella dama, y mi baile, toda esta atención me ha puesto más nervioso, así que continuaré hasta que el sueño me arrebate el sentido.
Continuando donde me quedé, una vez que descubrí  esa nueva perspectiva de mi vida, decidí llamar a mi amigo para contarle, su teléfono al igual que siempre que le llamaba sonó un par de veces, pero esta vez no contestó. Intenté unos minutos más tarde de nuevo, pero el resultado fue el mismo, yo comencé a trabajar en mi nueva filosofía mientras intentaba contactarlo, pues ya no lo había visto en la tienda de historietas, ni respondía mis llamadas, así que simplemente le envíe un mensaje que decía: ¡Lo encontré! De esa manera él en cuanto lo viera se pondría en contacto conmigo.                                                                                 
Tres días después recibí una llamada a mitad de la madrugada, fui rápido a contestar, pero eran del hospital, llamaban buscándome para ir urgentemente, pues alguien se había metido a la casa de mis padres a robar y los habían herido gravemente. Apenas colgué el teléfono fui rápidamente al hospital, desgraciadamente ya no pudieron hacer nada, los habían cortado muy gravemente de la garganta y la parte abdominal y ambos fallecieron en el hospital, aunque se creía que mi madre ya había llegado muerta, pues sus intestinos ya estaban parcialmente de fuera. De cualquier manera después de desahogarme fui a la casa de mis padres para recoger una serie de documentos que me pidieron en el hospital y la policía, así que fui pensando en romperle la cabeza a la mujer del aseo y a cualquiera otro que estuviera por ahí, pues seguramente alguno de sus “novios” no era más que un bastardo ladrón que mientras aprovechaba para estársela cogiendo ponía el ojo sobre cualquier cosa que pudiera robarse.
De cualquier forma llegué a mi antigua casa y comencé a buscar, pero no encontré nada, la señora del aseo ya no estaba ni sus cosas, lo cual solo confirmó mi teoría, entonces me decidí a ir a buscarla para regresarle el favor una vez que logré fermentar mi dolor en odio, a ella y a toda su familia posible. Estaba buscando el arma de mi padre, un revolver que guardaba, o alguna otra arma que pudiera tener,  y mientras revisaba algunas cosas, encontré algo que me dejó sorprendido, era un celular, estaba prendido, señal de que había sido usado recientemente, y no sólo eso, sino que tenía varias llamadas perdidas, y un mensaje que decía: ¡Lo encontré!.
No podía creer lo que estaba viendo, me sentí lleno de rabia, quería buscar a ese hijo de puta y volarle la cabeza en pedazos, se burló de mí,  asesinó fríamente a mis padres y dejó su teléfono como burla, para hacerme saber lo bien que le había salido su plan, como una broma macabra, ese calvo mal nacido bastardo seguramente había estado tramándolo todo con anterioridad. Me sentí tan enfermo entonces que no sabía qué hacer, tomé el viejo revolver y comencé a disparar dentro de la casa, a los focos, a los espejos, muebles, a los electrodomésticos, hasta que me quedé sin balas, sólo entonces sentí que me tranquilicé un poco, llamé al representante legal de mi padre, le conté la situación y le dije que se encargara de todo, yo volví al departamento a intentar descansar un poco y a pensar en lo que iba a hacer.  Pasaron un par de días, semanas, meses, no sé, no podía dormir por mucho sueño que me diera, cada vez que cerraba los ojos veía su cara, quería  estrujarla lentamente, mientras sus ojos se le botaban de sus cuencas, y su cara se bañaba en su propia sangre,  lo recuerdo bien, era, tan satisfactorio, que casi me resultaba excitante.
Para cuando decidí levantarme de cama, me di cuenta de que había pasado más tiempo del que creía, había  aumentado de peso, al atragantarme de lo que podía mientras pensaba, me afeité la cabeza en un ataque de desesperación, y abrí  una bolsa que me había dado con un obsequio dentro desde hacía varios meses atrás, era una camiseta justo igual a la de él, blanca con una carita sonriente roja y escurrida, con una pequeña nota que decía:  ”sonríe”. Revisé el teléfono, tenía varios mensajes del abogado de mi familia, dijo cosas que me resultaron extrañas, y debía presentarme inmediatamente, sin embargo, noté otras cosas que me llenaron más la mente de cosas en qué pensar, era un mensaje de texto sin leer en mi celular, de su número,  ese monstruo psicópata quería continuar con el juego, así que abrí el mensaje, lo que leí no me sorprendió menos de lo que ya había estado, pero no dejó de hacer mella en mi cabeza, el mensaje decía: ¿por qué me temes tanto?.  Aún no acababa de comprender lo que quería, todo era tan extraño, era como si estuviera jugando con mi mente, como si quisiera él mismo deseara que lo encontrara, mientras intentaba hacer memoria de lo que había pasado en las últimas semanas, simplemente veía recuerdos borrosos, era como si olvidara todo lo que estaba pasando, pero luego de golpe todo junto arremetiera contra mí, veía cosas que no estaban ahí, oía voces que no existían, y estaba en lugares en los que nunca había estado, creo que estaba volviéndome víctima de la demencia, y al igual que en otras ocasiones, parecía que estaba nadando en mis propias lagunas mentales, donde  poco a poco me hundía más.   Pero justo en el momento que sentí que iba a volarme la tapa de los sesos con un martillo, sus plegarias y las mías fueron escuchadas, después de noches enteras de búsqueda, lo encontré, encontré al infeliz bastardo, estaba mirándome a los ojos cuando lo sorprendí, con su cabeza afeitada, y esa horrenda camiseta  con una versión alternativa de la carita sonriente,  con su demacrada dentadura asomándose por el área sin labio que tenía por debajo de esa grotesca fisura hacia su nariz, como de un cerdo, y me miraba fijamente, sin hacer gesto alguno, frente a ese sucio cristal, adentro de mi propio baño...

Nunca, amigos míos, ¿han pensado en alguna ocasión que se conocen menos de lo que creían? ¿Nunca han hecho cosas que algún tiempo atrás hubieran jurado que jamás harían? O simplemente, ¿nunca han sentido en algún momento que no están siendo ustedes mismos?
Fue entonces cuando todo se aclaró ante mí, todas las preguntas que carcomían mi cabeza comenzaron a desgarrar despacio una respuesta, las lagunas imaginarias se tiñeron de un tono de recuerdo, y cada acontecimiento se ajustaba como pieza de un extraño rompecabezas.  Sin embargo no puedo mentirles al decir que no sentí miedo al comprender todo lo que pasaba, un escalofrío me recorrió la espina dorsal hasta mi cerebro, el celular, por fin lo podía recordar, era el celular que me regalaron mis padres de pequeño, mi primer teléfono, del mismo del que me llegaban los mensajes,  siempre fui yo queridos amigos, no sé qué broma me jugó mi mente pero aquel bastardo siempre fui yo, imaginé las conversaciones, sus enseñanzas, su persona, de alguna manera mi mente parecía saber lo que me pasaría, pues mi supuesto amigo tenía ese aspecto que yo adoptaba poco a poco inconscientemente, yo cometí aquella macabra función de violencia y sangre en casa de mis padres, y me sentía bien, lo comprendí finalmente,  eso era lo que él quería, lo que yo quería en verdad,  no sentí ningún remordimiento, pues creí que lo merecían, eran personas que carecían de objetivos reales, eran simples marionetas de un mundo que conspira para tener la muerte más lenta y agonizante posible.


Creo que lo que pasó de ahí en adelante ya lo conocen, pues los medios han alimentado el morbo de su decadente especie disfrazándolo de noticias informativas, extrañaré mi máscara, es lo único que lamento, su olor a carne y sangre, su nariz de cerdo, que me acompañó en mi lucha contra la fábrica de las mentes muertas, ¿creían que yo era el cara de cerdo? Entonces aún no se han visto en un espejo amigos míos, pues ustedes son sólo bombas de tiempo con el contador detenido por una venda en sus ojos, y apenas  puedan quitársela, verán las cosas como yo las veo, ustedes son los verdaderos asesinos, sus padres, sus hijos, y todo aquel deplorable ser llamado erróneamente Homo sapiens, no su valiente liberador, o sea yo.
 Desgraciadamente no estuve ni cerca de lograr mi cometido, pero puse mi granito de arena para convertir  esta caja de mierda llamada mundo en un lugar menos indignante, pues no entienden aún que nuestro entorno es como una canasta con manzanas, si una está podrida, debe quitarse cuanto antes para no afectar a las demás, ustedes creen que yo soy esa manzana, pero no pueden ver que yo soy la mano que la retira.  Amigos míos, gente del mundo que me ha acompañado en estos días de memorias, su servidor y liberador, el mismo que con un poco de suerte pudo llevarse la vida de sus seres más queridos,  que cargaría aún con la de ustedes de cedérsele la mínima oportunidad, mis amigos, a todos ustedes a los que espero encontrar cara a cara entre las llamas del infierno, espero que me odien al menos la mitad de lo que yo los odio a ustedes,  dedico a ustedes y a todo su mundo dogmatizado y modernamente “civilizado”, lleno de desigualdad y odio, fruto de la limitada capacidad de evolución mental de la que son inconscientes víctimas, el siguiente poema al que he titulado, la máquina del odio:

Oh! Máquina de odio,
tú que deslumbras con tus infames rayos de vitalidad 
a los instintos más bajos y vulgares del supremo animal,
tú que cobijas sutilmente a las hambrientas mentes de curiosidad
con tus llanas cortinas de engaños y banalidad.
Si tan sólo me permitieras apagar cada una de tus luces para así evitar quedar ciego del destello
al igual que una criatura de oscuridad  bajo la resplandeciente mirada del cielo,
si tan sólo un momento dejaras de mentir en cada uno de tus bellos cantos
entonces yo me entregaría ti como a cada uno de tus hijos te has ganado.
Oh! Máquina de odio, debajo de ti las estrellas son fusiladas por tus ejércitos de bondad,
y todas las noches son sólo un reflejo de obscena oscuridad,
sí tan sólo un momento tu inquisitivo himno callara de ordenar
yo te compondría  toda una sinfonía sin rencor ni fatalidad,
Por favor!  Máquina de odio obséquiame el mayor regalo que yo te daría a ti,
Compárteme un último momento de rabia para saborearla antes de partir.
 
Finalmente ha llegado el momento que todos esperábamos, es la hora de conocer a aquella bella dama de la que tanto hablé, y nuestro gran baile, mucha gente espera por mí, es hora de salir a escena y bailar con majestuosidad y gracia, al igual que cuando me divertía entre las melodías de  alaridos de los afortunados que logré liberar del estado vacío y carente de sentido al que llamaban vida, es hora de sentarme sobre el trono de madera que espera por mí, donde me acomodarán mi corona color plata en forma de tazón,  mientras la gente grita en mi honor, y donde recibiré a la mujer más bella que se ha visto jamás, la dama de vestido negro que sólo conoces al final del camino, al final de ese periodo de existencia saboteado por falsos objetivos, y te besa al final de eso que se conoce como vida.
                      

 

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