Es curioso cómo puede llegar un momento en la vida en la que
nuestros actos del pasado pueden volverse borrosos, como pensar que era alguien
más quien estaba llevándolos a cabo, y nosotros fuéramos simples espectadores,
ese desconocimiento de nosotros mismos, como un periodo de letargo que desconocemos en dónde comienza o en dónde
termina.
Estoy a sólo cuatro días de una cita muy importante, tendré
un baile con una mujer muy importante, además de bella, donde usaré mis mejores
galas y muchas personas irán a verme, aunque estoy algo nervioso, debo reconocerlo,
pero creo que será algo que les dará mucho gusto poder presenciar. Les contaré
un poco sobre mi vida, y cómo logré llegar hasta donde estoy hoy, para que nos
familiaricemos más y al mismo tiempo pueda despejar un poco mi cabeza, a veces
uno puede asfixiarse con sus propios pensamientos, y se necesita liberar algo
de presión.
Bien, recuerdo que cuando era niño los perros me asustaban, era un pavor inmovilizante el que yo experimentaba cada vez que me topaba con uno de frente, el hecho de saber que un animal pudiera comportarse de manera agresiva o incluso atacar ante una simple orden me aterraba, es decir, sin una causa, o un objetivo, simplemente por el hecho de hacer cumplir una indicación imperativa, igual que una máquina a la que se le presiona un botón o se tira una palanca, antes de eso creía que los seres vivos éramos muy diferentes a ellas. Claro que no fue hasta tiempo después que comprendí que no cualquier perro obedecía esos instintos sanguinarios, sino sólo cierto tipo que antes tuvo que ser educado, entrenado o incluso sometido (según la palabra que a uno le guste más) a tales respuestas, convertir en un instinto un simple acto de obediencia. Aunque no era lo único que me asustaba, ahora que lo pienso creo que fui un niño muy asustadizo, pues también temía a las personas, al hecho de que pudieran comportarse de determinada manera sin saber exactamente por qué, como si alguna voz en su interior les diera el mensaje, pero siempre se los diera incompleto. Yo siempre o al menos eso creí, actuar en base a lo que quería hacer, poco les importaba a mis padres, pues estaban bastante ocupados en cosas más importantes, “la escuela se encarga de educarte”, decían, y pagaban el colegio más costoso que podían pagar para asegurarse de ello, un colegio religioso, donde prácticamente estaba la mitad del día, una educación realmente conservadora y llena de valores a medio entender, eso entre un millón de formas de irte al infierno y otro millón para discriminar a las personas. Siempre tuve problemas de conducta, y varias veces me llevaron con el psicólogo de la escuela, pues decían que mi comportamiento estaba muy por fuera del promedio de estudiantes, cosa que no me permitía tener amigos, además muchos me molestaban, me decían “cerdo” por el canal que tenía entre mi labio y mi nariz, algo de nacimiento, que a ellos les parecía la apariencia de los curiosos animales de granja, pero que nunca quise que me arreglaran por mi fobia a los instrumentos quirúrgicos y el desinterés de mis padres en arreglarlo cuando era bebé. Y el psicólogo, nunca le importó una mierda su trabajo, se plantaba ahí nada más con su estúpido teléfono mientras me pedía que dibujara diversas cosas, y una vez que terminaba me decía que los iba a analizar y que podía volver a mis clases, cosa que no era más que una pérfida mentira, pues cada vez que me enviaban a verlo por diversos motivos, me ponía a realizar los mismos genéricos procedimientos una y otra vez, obviamente nunca se vieron los avances que deseaban, decía la decrépita y rancia directora constantemente, además de que a pesar de mi devoción por la lectura, tampoco fui nunca de buenas notas, a mis padres no les importaba demasiado pues nunca asistieron a los citatorios del colegio, ya que el trabajo era demasiado absorbente. Cuando llegaba a casa, siempre estaba casi vacía, pues la mujer del aseo se encerraba en alguna habitación con alguno de sus novios, y mis padres llegaban a altas horas de la noche, así que tenía la casa para mí solo, no me gustaba ver la televisión, nunca lo hizo, aunque a veces veía las noticias, y siempre era lo mismo, conflictos por este o aquel lado, muertes, guerras, por dinero, por petróleo, por territorio, poder, religiones, creo que el motivo era lo de menos, y mientras veía todas esas muestras de involución mental, me preguntaba: ¿ellos creerán al menos en sus causas? O simplemente obedecen a algo más grande. A veces pensaba que las personas podían ser como aquellos perros a los que tanto temía, y cualquier otra cosa podía ser la orden que ordena la violencia.
Bien, recuerdo que cuando era niño los perros me asustaban, era un pavor inmovilizante el que yo experimentaba cada vez que me topaba con uno de frente, el hecho de saber que un animal pudiera comportarse de manera agresiva o incluso atacar ante una simple orden me aterraba, es decir, sin una causa, o un objetivo, simplemente por el hecho de hacer cumplir una indicación imperativa, igual que una máquina a la que se le presiona un botón o se tira una palanca, antes de eso creía que los seres vivos éramos muy diferentes a ellas. Claro que no fue hasta tiempo después que comprendí que no cualquier perro obedecía esos instintos sanguinarios, sino sólo cierto tipo que antes tuvo que ser educado, entrenado o incluso sometido (según la palabra que a uno le guste más) a tales respuestas, convertir en un instinto un simple acto de obediencia. Aunque no era lo único que me asustaba, ahora que lo pienso creo que fui un niño muy asustadizo, pues también temía a las personas, al hecho de que pudieran comportarse de determinada manera sin saber exactamente por qué, como si alguna voz en su interior les diera el mensaje, pero siempre se los diera incompleto. Yo siempre o al menos eso creí, actuar en base a lo que quería hacer, poco les importaba a mis padres, pues estaban bastante ocupados en cosas más importantes, “la escuela se encarga de educarte”, decían, y pagaban el colegio más costoso que podían pagar para asegurarse de ello, un colegio religioso, donde prácticamente estaba la mitad del día, una educación realmente conservadora y llena de valores a medio entender, eso entre un millón de formas de irte al infierno y otro millón para discriminar a las personas. Siempre tuve problemas de conducta, y varias veces me llevaron con el psicólogo de la escuela, pues decían que mi comportamiento estaba muy por fuera del promedio de estudiantes, cosa que no me permitía tener amigos, además muchos me molestaban, me decían “cerdo” por el canal que tenía entre mi labio y mi nariz, algo de nacimiento, que a ellos les parecía la apariencia de los curiosos animales de granja, pero que nunca quise que me arreglaran por mi fobia a los instrumentos quirúrgicos y el desinterés de mis padres en arreglarlo cuando era bebé. Y el psicólogo, nunca le importó una mierda su trabajo, se plantaba ahí nada más con su estúpido teléfono mientras me pedía que dibujara diversas cosas, y una vez que terminaba me decía que los iba a analizar y que podía volver a mis clases, cosa que no era más que una pérfida mentira, pues cada vez que me enviaban a verlo por diversos motivos, me ponía a realizar los mismos genéricos procedimientos una y otra vez, obviamente nunca se vieron los avances que deseaban, decía la decrépita y rancia directora constantemente, además de que a pesar de mi devoción por la lectura, tampoco fui nunca de buenas notas, a mis padres no les importaba demasiado pues nunca asistieron a los citatorios del colegio, ya que el trabajo era demasiado absorbente. Cuando llegaba a casa, siempre estaba casi vacía, pues la mujer del aseo se encerraba en alguna habitación con alguno de sus novios, y mis padres llegaban a altas horas de la noche, así que tenía la casa para mí solo, no me gustaba ver la televisión, nunca lo hizo, aunque a veces veía las noticias, y siempre era lo mismo, conflictos por este o aquel lado, muertes, guerras, por dinero, por petróleo, por territorio, poder, religiones, creo que el motivo era lo de menos, y mientras veía todas esas muestras de involución mental, me preguntaba: ¿ellos creerán al menos en sus causas? O simplemente obedecen a algo más grande. A veces pensaba que las personas podían ser como aquellos perros a los que tanto temía, y cualquier otra cosa podía ser la orden que ordena la violencia.
Algo que me gustaba era salir al jardín a buscar animales entre las
rocas, tenía curiosidad de ver si también aquellos pequeños seres podían
someterse a tales tratamientos de sometimiento de voluntad, lo intentaba tomando una aguja de coser, la cual
le ponía cerca de los ojos al pequeño animal, luego picándolo un poco para ver si lograba hacer que asociara a la
aguja con el dolor, el animal se movía bruscamente, a veces intentaba morderme
o picarme, o simplemente intentaba huir. Lo intenté decenas de veces, hasta que
uno a uno iban muriendo por las incesantes estocadas, nunca logré ninguna mejoría
en mi experimento, así que decidí olvidar el asunto, supuse que sólo algunos se
les da la sumisión.
Oh amigos,
no saben cómo me he estado despejando muy bien con esto, me siento más
tranquilo, faltan sólo tres días para mi evento pero aún no me relajo como lo
deseo así que continuaré contando:
En fin, pasé años posteriores de mi niñez sin
pena ni gloria, y una vez llegada la adolescencia, empecé a invitar chicas a
salir. Debo reconocerlo, nunca fui popular entre las mujeres, casi siempre era
rechazado, pues mi rostro así como mi cuerpo nunca fue lo que la sociedad o el
mundo de los medios consideraba atractivo, algunas aceptaban sólo porque sabían
que mi familia tenía algo de dinero, y eso quedaba muy claro al condicionarme
que para salir conmigo debía llegar en alguno de los autos de mi padre, y
asistir a algún lugar que ellas decidieran previamente. Poco me importaba, pues
su compañía me llenaba de un sentimiento que me gustaba, algo poco familiar,
pero que se sentía bien, así que íbamos a varios sitios, desde un restaurante
costoso, hasta alguna plaza del centro de la ciudad que era lo más común, donde
le compraba algún bolso o algo que con sus cautivadoras palabras me pidieran.
Siempre hablaban de lo atractivos que eran los hombres que salían en los
anuncios, y lo hermosas y esbeltas que eran las mujeres, en más de una ocasión
tuve que esperarlas a fuera de los baños mientras se provocaban vómito, pues la
comida a la que las llevaba era cara y deliciosa, pero inmediatamente después
de salir los mismos anuncios les caían como peso muerto sobre sus hombros, y
las llenaba de culpa. Nunca fui asqueroso así que no le tomaba demasiada
importancia, también recuerdo que a algunas les gustaba hablar de lo que querían
estudiar en la universidad, pues fantaseaban para ganar mucho dinero y poder
comprar todas las cosas que resplandecían en los anuncios, y que parecían tan
maravillosas, recuerdo a una que no dejaba de hablar sobre cómo volverse como
mis padres, para poder darse ese tipo de lujos de los que yo aparentemente
gozaba, aunque nunca hablé demasiado de
eso, pues nunca puse especial atención al trabajo de mis padres, sólo sabía que
vestían formal y que tenían contacto con muchas personas, además de que siempre
hablaban de sus jefes a los mismos que odiaban pero que invitaban
constantemente a comer, siempre pensé
que era necesario hacer todo eso para poder sustentar los pequeños lujos que
teníamos, como un círculo vicioso, como un hombre engrane, pensé. Y siempre
que ella o alguien más me preguntaba lo que quería hacer yo, le decía que yo
quería ser psicólogo o psiquiatra, pues me llamaba la atención entender la
mente de las personas.
Fueron buenos tiempos de alguna manera, pues aunque ninguna de ellas quiso ser mi novia, sabía que podía salir con cualquiera de ellas, sólo debía esperar a que tuvieran alguna pelea con sus novios, y entonces ellas me llamaban. Aunque fue muy frustrante no poder intimar con ninguna o si quiera darle un beso, pues parecía que mi labio leporino les daba asco o alguna sensación similar. Varias personas me sugirieron operarme, pero mi fobia a los instrumentos quirúrgicos ni si quiera me dejaba acercarme a un consultorio sin ponerme a sudar de nervios, además nunca me importó el aspecto físico. Continuaron los años de mi adolescencia y continué rodeándome de gente que se acercaba por interés, pero irónicamente me sentía cada vez más y más solo. Un día simplemente dejé de autoengañarme, o más bien, de intentarlo, yo no quería pertenecer a ese sitio de ninguna manera, no quería formar parte de ese espectáculo humano que se montaba día con día, nada me hacía sentir bien, era como si odiara todo, me sentía ajeno a cualquier cosa que pudiera ser concebida como felicidad, así que me alejé de todos, incluso de mis padres, los cuales me habían regalado un departamento de cumpleaños, así que ya no tenía que estar con ellos. Apenas me mudé al departamento conocí a una chica, bueno, sólo de vista, era delgada, de ojos claros, muy hermosa, trabajaba en una tienda de ropa femenina, yo me levantaba temprano sólo para verla llegar a su trabajo, pues la tienda estaba cruzando la esquina de los departamentos donde yo vivía, y de la misma manera salía a su hora de salida sólo para verla pasar. Estuve repitiendo la misma rutina alrededor de uno o dos meses, ya conocía su horario, su hora de comida, su día de descanso, y algunos hábitos, incluso a veces yo entraba a la tienda a fingir que veía la ropa sólo para verla más de cerca, pero después de hacerlo algunas veces ella comenzó a mirarme de una manera sospechosa, pues había sólo ropa femenina, y nunca compraba nada, pero yo era muy tímido para intentar hacerle plática. Así que un día cansado de actuar como un simple voyeurista me armé de valor y me decidí a acercarme y hablarle mientras iba camino a la tienda, pero en cuanto me vio acercarme, me dijo que la dejara tranquila, o que iba a ir a la policía. Así que desistí en mi objetivo, sin embargo una semana después vi algo que me hizo convencerme de que debía acércame, era de noche, casi las nueve de la noche, así que ya iba a salir, yo la miraba a través del vidrio sin que se diera cuenta tal como siempre hacia, pero esta vez no había nada de gente ya, ella estaba ocupada viendo otra cosa, el monitor de su laptop, parecía que veía algo interesante porque se estaba tocando, quizás era cibersexo o veía una película pornográfica, pero se veía realmente excitada aunque intentaba disimularlo moviendo su mano por encima de su vestido , y al igual que ella yo también comencé a excitarme, nunca antes había visto a una mujer masturbándose, y menos a una tan hermosa como aquella, me excité tanto que salía el vapor de mi boca y de mi miembro que tuve que sacar y restregar en el vidrio entre el frío de la noche, pensé que ese sería el momento indicado para armarme de valor e intentar acompañarla en su momento. Me acerqué a la puerta e inmediatamente me vio, intentó correr a cerrar la puerta pero yo ya estaba entrando, una mueca de terror se le dibujó en el rostro y se convirtió en pavor cuando vio que tenía el pene de fuera, antes de que pudiera hacer algo me lancé sobre ella y comencé a besarla muy fuerte, la abracé y comencé a apretarle las nalgas, la arrinconé contra la pared y sin querer presionamos el botón de las luces, por lo que estas se apagaron, mientras ella luchaba en vano por librarse golpeándome en donde sus delicadas manos podían yo la besaba y le intentaba quitar el vestido a tirones, entonces ella me mordió tan fuerte que empecé a sentir mi propia sangre escurrir por mi cara, la sensación de dolor me hizo tomar su cabeza y al mismo tiempo que yo tomaba impulso con la mía y la estrellé contra la pared tan duro como pude, lo hice un par de veces para que me dejara de morder, en ese momento comencé a sentir mis manos húmedas, igual que su cabeza, la cual desgraciadamente coincidió con un clavo roto que sobresalía del muro, yo juro que sólo quería dejarla inconsciente, pero comenzó a sangrar demasiado, y después de un minuto comenzó a convulsionarse y luego dejó de respirar. Yo no sabía qué hacer, pero continuaba muy excitado, así que acabé de desabrocharle el vestido. No creo que necesite entrar en detalle, pero perdí mi castidad con el cadáver de aquella mujer. Una vez que terminé el acto, la culpa me invadió, además que no aguantaba el dolor de mis labios, pues me colgaba un pedazo de mi labio superior, y continuaba sangrando, me sentía débil, y ella estaba completamente salpicada de sangre, tanto suya como mía, inmóvil y sin vida, así que salí de ahí cuidando que nadie viera y fui a cambiarme de ropa al departamento para poder ir con un médico. Después de eso no volví a salir y no hablé con nadie por mucho tiempo.
Fueron buenos tiempos de alguna manera, pues aunque ninguna de ellas quiso ser mi novia, sabía que podía salir con cualquiera de ellas, sólo debía esperar a que tuvieran alguna pelea con sus novios, y entonces ellas me llamaban. Aunque fue muy frustrante no poder intimar con ninguna o si quiera darle un beso, pues parecía que mi labio leporino les daba asco o alguna sensación similar. Varias personas me sugirieron operarme, pero mi fobia a los instrumentos quirúrgicos ni si quiera me dejaba acercarme a un consultorio sin ponerme a sudar de nervios, además nunca me importó el aspecto físico. Continuaron los años de mi adolescencia y continué rodeándome de gente que se acercaba por interés, pero irónicamente me sentía cada vez más y más solo. Un día simplemente dejé de autoengañarme, o más bien, de intentarlo, yo no quería pertenecer a ese sitio de ninguna manera, no quería formar parte de ese espectáculo humano que se montaba día con día, nada me hacía sentir bien, era como si odiara todo, me sentía ajeno a cualquier cosa que pudiera ser concebida como felicidad, así que me alejé de todos, incluso de mis padres, los cuales me habían regalado un departamento de cumpleaños, así que ya no tenía que estar con ellos. Apenas me mudé al departamento conocí a una chica, bueno, sólo de vista, era delgada, de ojos claros, muy hermosa, trabajaba en una tienda de ropa femenina, yo me levantaba temprano sólo para verla llegar a su trabajo, pues la tienda estaba cruzando la esquina de los departamentos donde yo vivía, y de la misma manera salía a su hora de salida sólo para verla pasar. Estuve repitiendo la misma rutina alrededor de uno o dos meses, ya conocía su horario, su hora de comida, su día de descanso, y algunos hábitos, incluso a veces yo entraba a la tienda a fingir que veía la ropa sólo para verla más de cerca, pero después de hacerlo algunas veces ella comenzó a mirarme de una manera sospechosa, pues había sólo ropa femenina, y nunca compraba nada, pero yo era muy tímido para intentar hacerle plática. Así que un día cansado de actuar como un simple voyeurista me armé de valor y me decidí a acercarme y hablarle mientras iba camino a la tienda, pero en cuanto me vio acercarme, me dijo que la dejara tranquila, o que iba a ir a la policía. Así que desistí en mi objetivo, sin embargo una semana después vi algo que me hizo convencerme de que debía acércame, era de noche, casi las nueve de la noche, así que ya iba a salir, yo la miraba a través del vidrio sin que se diera cuenta tal como siempre hacia, pero esta vez no había nada de gente ya, ella estaba ocupada viendo otra cosa, el monitor de su laptop, parecía que veía algo interesante porque se estaba tocando, quizás era cibersexo o veía una película pornográfica, pero se veía realmente excitada aunque intentaba disimularlo moviendo su mano por encima de su vestido , y al igual que ella yo también comencé a excitarme, nunca antes había visto a una mujer masturbándose, y menos a una tan hermosa como aquella, me excité tanto que salía el vapor de mi boca y de mi miembro que tuve que sacar y restregar en el vidrio entre el frío de la noche, pensé que ese sería el momento indicado para armarme de valor e intentar acompañarla en su momento. Me acerqué a la puerta e inmediatamente me vio, intentó correr a cerrar la puerta pero yo ya estaba entrando, una mueca de terror se le dibujó en el rostro y se convirtió en pavor cuando vio que tenía el pene de fuera, antes de que pudiera hacer algo me lancé sobre ella y comencé a besarla muy fuerte, la abracé y comencé a apretarle las nalgas, la arrinconé contra la pared y sin querer presionamos el botón de las luces, por lo que estas se apagaron, mientras ella luchaba en vano por librarse golpeándome en donde sus delicadas manos podían yo la besaba y le intentaba quitar el vestido a tirones, entonces ella me mordió tan fuerte que empecé a sentir mi propia sangre escurrir por mi cara, la sensación de dolor me hizo tomar su cabeza y al mismo tiempo que yo tomaba impulso con la mía y la estrellé contra la pared tan duro como pude, lo hice un par de veces para que me dejara de morder, en ese momento comencé a sentir mis manos húmedas, igual que su cabeza, la cual desgraciadamente coincidió con un clavo roto que sobresalía del muro, yo juro que sólo quería dejarla inconsciente, pero comenzó a sangrar demasiado, y después de un minuto comenzó a convulsionarse y luego dejó de respirar. Yo no sabía qué hacer, pero continuaba muy excitado, así que acabé de desabrocharle el vestido. No creo que necesite entrar en detalle, pero perdí mi castidad con el cadáver de aquella mujer. Una vez que terminé el acto, la culpa me invadió, además que no aguantaba el dolor de mis labios, pues me colgaba un pedazo de mi labio superior, y continuaba sangrando, me sentía débil, y ella estaba completamente salpicada de sangre, tanto suya como mía, inmóvil y sin vida, así que salí de ahí cuidando que nadie viera y fui a cambiarme de ropa al departamento para poder ir con un médico. Después de eso no volví a salir y no hablé con nadie por mucho tiempo.
Viví entonces casi aislado del mundo, al menos un tiempo, mis padres tenían una cuenta de ahorro a mi
nombre así que de ahí obtenía ingresos para subsistir, yo no hacía nada, corté
la luz, para pensar mejor, y dejé que mi mente se abriera hasta reencontrarse. Fue
hasta un par de años después que comencé a encontrarme seguido con alguien
afuera de una tienda de historietas, donde yo compraba las mías, un tipo calvo,
robusto, que siempre llevaba puesta una camiseta una camiseta blanca con una
carita feliz muy peculiar, era un poco mayor que yo, le gustaba la filosofía, y
me mostró algunas obras de grandes pensadores que me parecieron muy
interesantes, yo en ese tiempo obviamente
ya no estaba estudiando, lo del deseo de estudiar alguna carrera ya se me había
pasado, francamente en los años que estuve conociendo ese lado más artificial y
superfluo de las personas, no me quedaron deseos de nada, así que me dedicaba a
un pasatiempo que tuve de dibujar, vagamente pensaba en crear una historieta,
pero nada en específico, a diferencia de cuando era pequeño, parecía que había
perdido un poco esa curiosidad que me caracterizaba, ese cuestionamiento
constante, dibujé varias cosas, sin
ningún sentido ni significado verdadero,
incluso entre ellos recuerdo un boceto de lo que según yo sería mi
primer historieta, me atreví a mostrársela a quien se había vuelto mi único
amigo, la cual trataba de cuatro sujetos que se sentían auténticas estrellas de
rock, que daban conciertos y se iban de giras con sus chicas o sus gruppies,
pero en realidad lo que pasaba era que tenían problemas mentales, alucinaciones
colectivas, de esas que provocan una distorsión de la realidad, psicopáticas, y
mientras ellos veían a las contentas gruppies a las cuales besaban con pasión,
realmente las estaban mordiendo brutalmente hasta arrancarles pedazos del
rostro, mientras ellos veían a las chicas excitadas pidiendo más, inmersas en
el placer, realmente gritaban por ayuda mientras se desangraban, incluso ni sus
viajes de gira eran como ellos los veían, pues las supuestas gruppies eran
mujeres a las que secuestraban, sin discriminación de edad, posición social ni
económica, desde niñas, hasta mujeres maduras, y efectivamente, cuando en su
realidad tenían una escena sexual, sí la estaban teniendo realmente, no sin
antes haber propinado una decena de apuñaladas en varias partes del cuerpo e
incluso aún después de muertas. Cuando mi calvo amigo acabó de ver mi boceto,
con un rostro tranquilo me preguntó si me gustaba la música rock, no, le dije, ya
que siempre he considerado que son simples marionetas jugando a que no lo son,
pero sus hilos se ocultan tras esas melenas de hipocresía y costosos instrumentos.
Él rio un poco, dándome la razón, pero me interrumpió diciendo: Si esa era su verdad, la de los cuatro
dementes, yo creo es válida. Yo esperaba cualquier respuesta menos esa, alguna
otra respuesta menos inquietante, parecía
que de alguna bizarra manera, me hubiera leído el subconsciente, y de alguna manera estaba de acuerdo con él.
Seguimos saliendo por un tiempo, y me mostró muchos libros que me gustaron
bastante, sobre todo el de un pensador alemán, no recuerdo su nombre en este
momento, pero una de sus obras, donde exponía toda su filosofía al desnudo, sin
ningún por más mínimo pelo en la lengua, fue ahí donde me encontré una vez más
a mí mismo, y donde supe que no estaba aquí para seguir un camino, sino para
construir el mío.
¡Una vez más amigos míos! unas personas vinieron a verme
esta tarde, querían entrevistarme, estoy recibiendo más fama de la que
esperaba, ayer fue un día ocupado, entre entrevistas, las fotos, y esas cosas
se me ha pasado el tiempo, no pude continuar escribiendo y ya mañana es mi gran reunión con la bella
dama, y mi baile, toda esta atención me ha puesto más nervioso, así que
continuaré hasta que el sueño me arrebate el sentido.
Continuando donde me quedé, una vez que descubrí esa nueva perspectiva de mi vida, decidí
llamar a mi amigo para contarle, su teléfono al igual que siempre que le
llamaba sonó un par de veces, pero esta vez no contestó. Intenté unos minutos
más tarde de nuevo, pero el resultado fue el mismo, yo comencé a trabajar en mi
nueva filosofía mientras intentaba contactarlo, pues ya no lo había visto en la
tienda de historietas, ni respondía mis llamadas, así que simplemente le envíe
un mensaje que decía: ¡Lo encontré! De esa manera él en cuanto lo viera se
pondría en contacto conmigo.
Tres días después recibí una llamada a mitad de la madrugada, fui rápido a contestar, pero eran del hospital, llamaban buscándome para ir urgentemente, pues alguien se había metido a la casa de mis padres a robar y los habían herido gravemente. Apenas colgué el teléfono fui rápidamente al hospital, desgraciadamente ya no pudieron hacer nada, los habían cortado muy gravemente de la garganta y la parte abdominal y ambos fallecieron en el hospital, aunque se creía que mi madre ya había llegado muerta, pues sus intestinos ya estaban parcialmente de fuera. De cualquier manera después de desahogarme fui a la casa de mis padres para recoger una serie de documentos que me pidieron en el hospital y la policía, así que fui pensando en romperle la cabeza a la mujer del aseo y a cualquiera otro que estuviera por ahí, pues seguramente alguno de sus “novios” no era más que un bastardo ladrón que mientras aprovechaba para estársela cogiendo ponía el ojo sobre cualquier cosa que pudiera robarse.
Tres días después recibí una llamada a mitad de la madrugada, fui rápido a contestar, pero eran del hospital, llamaban buscándome para ir urgentemente, pues alguien se había metido a la casa de mis padres a robar y los habían herido gravemente. Apenas colgué el teléfono fui rápidamente al hospital, desgraciadamente ya no pudieron hacer nada, los habían cortado muy gravemente de la garganta y la parte abdominal y ambos fallecieron en el hospital, aunque se creía que mi madre ya había llegado muerta, pues sus intestinos ya estaban parcialmente de fuera. De cualquier manera después de desahogarme fui a la casa de mis padres para recoger una serie de documentos que me pidieron en el hospital y la policía, así que fui pensando en romperle la cabeza a la mujer del aseo y a cualquiera otro que estuviera por ahí, pues seguramente alguno de sus “novios” no era más que un bastardo ladrón que mientras aprovechaba para estársela cogiendo ponía el ojo sobre cualquier cosa que pudiera robarse.
De cualquier forma llegué a mi antigua casa y comencé a
buscar, pero no encontré nada, la señora del aseo ya no estaba ni sus cosas, lo
cual solo confirmó mi teoría, entonces me decidí a ir a buscarla para
regresarle el favor una vez que logré fermentar mi dolor en odio, a ella y a
toda su familia posible. Estaba buscando el arma de mi padre, un revolver que
guardaba, o alguna otra arma que pudiera tener, y mientras revisaba algunas cosas, encontré
algo que me dejó sorprendido, era un celular, estaba prendido, señal de que
había sido usado recientemente, y no sólo eso, sino que tenía varias llamadas
perdidas, y un mensaje que decía: ¡Lo encontré!.
No podía creer lo que estaba viendo, me sentí lleno de rabia,
quería buscar a ese hijo de puta y volarle la cabeza en pedazos, se burló de
mí, asesinó fríamente a mis padres y
dejó su teléfono como burla, para hacerme saber lo bien que le había salido su
plan, como una broma macabra, ese calvo mal nacido bastardo seguramente había
estado tramándolo todo con anterioridad. Me sentí tan enfermo entonces que no
sabía qué hacer, tomé el viejo revolver y comencé a disparar dentro de la casa,
a los focos, a los espejos, muebles, a los electrodomésticos, hasta que me
quedé sin balas, sólo entonces sentí que me tranquilicé un poco, llamé al
representante legal de mi padre, le conté la situación y le dije que se
encargara de todo, yo volví al departamento a intentar descansar un poco y a
pensar en lo que iba a hacer. Pasaron un
par de días, semanas, meses, no sé, no podía dormir por mucho sueño que me
diera, cada vez que cerraba los ojos veía su cara, quería estrujarla lentamente, mientras sus ojos se
le botaban de sus cuencas, y su cara se bañaba en su propia sangre, lo recuerdo bien, era, tan satisfactorio, que
casi me resultaba excitante.
Para cuando decidí levantarme de cama, me di cuenta de que
había pasado más tiempo del que creía, había
aumentado de peso, al atragantarme de lo que podía mientras pensaba, me
afeité la cabeza en un ataque de desesperación, y abrí una bolsa que me había dado con un obsequio
dentro desde hacía varios meses atrás, era una camiseta justo igual a la de él,
blanca con una carita sonriente roja y escurrida, con una pequeña nota que
decía: ”sonríe”. Revisé el teléfono, tenía varios mensajes del
abogado de mi familia, dijo cosas que me resultaron extrañas, y debía
presentarme inmediatamente, sin embargo, noté otras cosas que me llenaron más
la mente de cosas en qué pensar, era un mensaje de texto sin leer en mi
celular, de su número, ese monstruo
psicópata quería continuar con el juego, así que abrí el mensaje, lo que leí no
me sorprendió menos de lo que ya había estado, pero no dejó de hacer mella en
mi cabeza, el mensaje decía: ¿por qué me temes tanto?. Aún no acababa de comprender lo que quería,
todo era tan extraño, era como si estuviera jugando con mi mente, como si
quisiera él mismo deseara que lo encontrara, mientras intentaba hacer memoria
de lo que había pasado en las últimas semanas, simplemente veía recuerdos
borrosos, era como si olvidara todo lo que estaba pasando, pero luego de golpe
todo junto arremetiera contra mí, veía cosas que no estaban ahí, oía voces que
no existían, y estaba en lugares en los que nunca había estado, creo que estaba
volviéndome víctima de la demencia, y al igual que en otras ocasiones, parecía
que estaba nadando en mis propias lagunas mentales, donde poco a poco me hundía más. Pero justo
en el momento que sentí que iba a volarme la tapa de los sesos con un martillo,
sus plegarias y las mías fueron escuchadas, después de noches enteras de
búsqueda, lo encontré, encontré al infeliz bastardo, estaba mirándome a los
ojos cuando lo sorprendí, con su cabeza afeitada, y esa horrenda camiseta con una versión alternativa de la carita
sonriente, con su demacrada dentadura
asomándose por el área sin labio que tenía por debajo de esa grotesca fisura
hacia su nariz, como de un cerdo, y me miraba fijamente, sin hacer gesto
alguno, frente a ese sucio cristal, adentro de mi propio baño...
Nunca, amigos míos, ¿han pensado en alguna ocasión que se
conocen menos de lo que creían? ¿Nunca han hecho cosas que algún tiempo atrás
hubieran jurado que jamás harían? O simplemente, ¿nunca han sentido en algún
momento que no están siendo ustedes mismos?
Fue entonces cuando todo se aclaró ante mí, todas las
preguntas que carcomían mi cabeza comenzaron a desgarrar despacio una
respuesta, las lagunas imaginarias se tiñeron de un tono de recuerdo, y cada
acontecimiento se ajustaba como pieza de un extraño rompecabezas. Sin embargo no puedo mentirles al decir que
no sentí miedo al comprender todo lo que pasaba, un escalofrío me recorrió la
espina dorsal hasta mi cerebro, el celular, por fin lo podía recordar, era el
celular que me regalaron mis padres de pequeño, mi primer teléfono, del mismo
del que me llegaban los mensajes,
siempre fui yo queridos amigos, no sé qué broma me jugó mi mente pero
aquel bastardo siempre fui yo, imaginé las conversaciones, sus enseñanzas, su
persona, de alguna manera mi mente parecía saber lo que me pasaría, pues mi
supuesto amigo tenía ese aspecto que yo adoptaba poco a poco inconscientemente,
yo cometí aquella macabra función de violencia y sangre en casa de mis padres,
y me sentía bien, lo comprendí finalmente,
eso era lo que él quería, lo que yo quería en verdad, no sentí ningún remordimiento, pues creí que
lo merecían, eran personas que carecían de objetivos reales, eran simples
marionetas de un mundo que conspira para tener la muerte más lenta y agonizante
posible.
Creo que lo que pasó de ahí en adelante ya lo conocen, pues
los medios han alimentado el morbo de su decadente especie disfrazándolo de
noticias informativas, extrañaré mi máscara, es lo único que lamento, su olor a
carne y sangre, su nariz de cerdo, que me acompañó en mi lucha contra la
fábrica de las mentes muertas, ¿creían que yo era el cara de cerdo? Entonces
aún no se han visto en un espejo amigos míos, pues ustedes son sólo bombas de
tiempo con el contador detenido por una venda en sus ojos, y apenas puedan quitársela, verán las cosas como yo las
veo, ustedes son los verdaderos asesinos, sus padres, sus hijos, y todo aquel
deplorable ser llamado erróneamente Homo sapiens, no su valiente liberador, o
sea yo.
Desgraciadamente no
estuve ni cerca de lograr mi cometido, pero puse mi granito de arena para
convertir esta caja de mierda llamada mundo en un lugar menos indignante,
pues no entienden aún que nuestro entorno es como una canasta con manzanas, si
una está podrida, debe quitarse cuanto antes para no afectar a las demás, ustedes
creen que yo soy esa manzana, pero no pueden ver que yo soy la mano que la
retira. Amigos míos, gente del mundo que
me ha acompañado en estos días de memorias, su servidor y liberador, el mismo
que con un poco de suerte pudo llevarse la vida de sus seres más queridos, que cargaría aún con la de ustedes de
cedérsele la mínima oportunidad, mis amigos, a todos ustedes a los que espero
encontrar cara a cara entre las llamas del infierno, espero que me odien al
menos la mitad de lo que yo los odio a ustedes, dedico a ustedes y a todo su mundo dogmatizado
y modernamente “civilizado”, lleno de desigualdad y odio, fruto de la limitada
capacidad de evolución mental de la que son inconscientes víctimas, el
siguiente poema al que he titulado, la máquina del odio:
Oh! Máquina de odio,
tú que deslumbras con tus infames rayos de vitalidad
a los instintos más bajos y vulgares del supremo animal,
tú que cobijas sutilmente a las hambrientas mentes de curiosidad
con tus llanas cortinas de engaños y banalidad.
Si tan sólo me permitieras apagar cada una de tus luces para así evitar
quedar ciego del destello
al igual que una criatura de oscuridad bajo la resplandeciente mirada del cielo,
si tan sólo un momento dejaras de mentir en cada uno de tus bellos
cantos
entonces yo me entregaría ti como a cada uno de tus hijos te has
ganado.
Oh! Máquina de odio, debajo de ti las estrellas son fusiladas por tus
ejércitos de bondad,
y todas las noches son sólo un reflejo de obscena oscuridad,
sí tan sólo un momento tu inquisitivo himno callara de ordenar
yo te compondría toda una
sinfonía sin rencor ni fatalidad,
Por favor! Máquina de odio
obséquiame el mayor regalo que yo te daría a ti,
Compárteme un último momento de rabia para saborearla antes de partir.
Finalmente ha llegado el momento que todos esperábamos, es
la hora de conocer a aquella bella dama de la que tanto hablé, y nuestro gran
baile, mucha gente espera por mí, es hora de salir a escena y bailar con
majestuosidad y gracia, al igual que cuando me divertía entre las melodías
de alaridos de los afortunados que logré
liberar del estado vacío y carente de sentido al que llamaban vida, es hora de sentarme
sobre el trono de madera que espera por mí, donde me acomodarán mi corona color
plata en forma de tazón, mientras la
gente grita en mi honor, y donde recibiré a la mujer más bella que se ha visto
jamás, la dama de vestido negro que sólo conoces al final del camino, al final
de ese periodo de existencia saboteado por falsos objetivos, y te besa al final
de eso que se conoce como vida.
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